Se quiebra el eco de la voz de los tanques en los oídos de dos amantes con prisa. Que no amantes de revolcón, que simples vividores, que despiden a la vida, que se besan con prisa e intentan decirse adiós.
Que las guerras también son olor a sangre y muerte donde nace la vida, donde la gracia de dios pierde su encanto y con los ateos todos conocen el amargo sabor de una estampa mortecina, inmediata..
La desgracia de una población ajena a todo problema occidental; es el recochineo de los líderes de monopolios de la devastación, por marginar eufemismos, que de nada sirven..
La contienda sin precedentes de todo hombre, contra todo hombre..
La cuna de pena y barbarie, el naufragio del navio despreciado del amor..
La tristeza en el avance indiferente de la muerte sobre las trincheras..
El salón de recibida de todo aquel que trate de llenar la boca de sus hijos entibiando la de un rifle..
El orfanato para el huérfano ciego, que crea que tiene patria y defienda lo que se disfraza como una causa..
La guerra, la muerte de la razón.

